Friday, June 7, 2013


Hace ya 30 años que un gusano de un milímetro le dio al ser humano la lección de su vida. Aquella criatura era capaz de vivir el doble de lo normal y sin enfermedades. Con el tiempo, los humanos aprendieron que el secreto de su longevidad estaba en unos pocos genes y consiguió, modificándolos, crear otros gusanos que viven diez veces más o ratones matusalén que doblan su esperanza de vida y sin rastro de cáncer, una de las enfermedades más asociadas al envejecimiento. Por ahora no se ha logrado dar el salto para lograr lo mismo en humanos, pero, a cambio, empieza a estar clara la respuesta a una pregunta universal: ¿por qué envejecemos?  Treinta años después del primer estudio sobre los gusanos matusalén, un equipo de investigadores españoles ha analizado decenas de estudios realizados en estas tres décadas para recopilar las nueve causas demostradas del envejecimiento. El trabajo, publicado hoy en Cell, también desbanca supuestos remedios contra el envejecimiento y aventura cómo serán los fármacos que, en el futuro, permitirán alargar la vida y la salud de las personas.  “Por el momento, la única intervención con capacidad demostrada de extender la longevidad en modelos animales es la restricción calórica sin malnutrición”, explica Carlos López-Otín, bioquímico de la universidad de Oviedo y coautor del estudio. Pero ni siquiera esa restricción calórica, que se logra comiendo menos, ha demostrado aún ser efectiva para alargar la vida a los humanos.  Las buenas noticias son que los estudios con gusanos, ratones y otros animales realizados en estas tres décadas son “la demostración de que algo que parecía imposible se puede lograr”, opina López-Otín. De hecho un puñado de seres humanos conocidos como supercentenarios y liderados por la francesa Jean Calment, que vivió 122 años, son la prueba de que nuestra especie ha desarrollado variantes genéticas capaces de neutralizar o retrasar el envejecimiento.
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